Aquí dejo mi segunda entrada.
Como contaba en el anterior comentario, me ha matriculado en Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos, tras muchísimos problemas. Al fin.
Como decía también en la anterior entrada, me fui a Madrid tres días para mirar residencias y demás cosas que necesitaba para terminar de encontrarlo todo, y tenerlo todo listo.
Así que convencí a una amiga con la excusa de ir uno de los días al parque de atracciones y allí nos fuimos las dos, siete horas de bus, una parada de 20 minutos, unos sillones con radio y unas películas malísimas.
Llegamos a la estación sur de autobuses y empezó nuestras peripecias con el metro. Nos costó hacernos con el dichoso mapita de las pelotas, y suerte que encontramos a una señora muy maja que nos ayudó hasta que encontramos uno. Teníamos que llegar desde la estación hasta Gran Vía. Nos costó. Andábamos más perdidas que Mariñas en una tienda de camisas normales.
El caso es que finalmente llegamos a Gran Vía, y nuestra residencia donde nos alojábamos hacía esquina con Plaza de España. Como el metro nos había dejado justo en el medio, decidimos tirar para la derecha, con tan mala fortuna que a los diez minutos nos damos cuenta de que no era por allí, pues yo recordaba la calle en Plaza de España llena de teatros, y por allí no había ninguno. Damos vuelta, andando con 40 grados a la sobra, y finalmente encontramos la residencia. Nos instalamos y salimos a comer. Como habíamos cogido el bus a las 7 de la mañana, hecho una parada en la que solo nos dio tiempo a tomarnos un café y habíamos llegado sobre las 2 y mucho, estábamos muertas de hambre. Enfilamos Gran Vía y vimos un Pans & Company en Callao, y para allí fuimos. Nos supo a gloria. Estaba tan rico que repetimos a la cena en el mismo sitio y el mismo menú. Por la tarde intentamos ir hasta Fuenlabrada, para ver el campus y mirar si estaba abierto (no, estaba cerrado). Así que subimos a la residencia y nos pusimos a estudiarnos el mapa del metro. Teníamos que coger uno hasta Atocha renfe, y una vez allí un cercanías hasta Fuenlabrada. Eso hicimos. Tras tres cuartos de hora estábamos en Fuenlabrada . Ahora nos quedaba llegar a la parada del hospital, que está enfrente de la facultad. Volvimos a pagar por el dichoso metro sur y llegamos a la facultad. Cerrada. El campus está bastante bien, pero aún está medio en obras, por lo que no luce mucho. Volvimos otra vez para Madrid haciendo el mismo recorrido. La verdad es que me daba bajón solo con pensar tener que levantarme como dos horas antes para llegar a tiempo, porque en Coruña tardaba como 10 minutos en llegar al instituto.
La tarde se nos fue haciendo eso. Subimos a refrescarnos a la habitación y marchamos a cenar. Después de cenar fuimos a la fnac que está en Callao. Cuatro pisos de pura magia. La sección de cine es impresionante, pero íbamos a comprar un libro así que nos pudimos parar mucho porque iban a cerrar. Compramos “El resplandor” para mi amiga, que padece un poco de insomnio.
Decidimos que a la mañana siguiente yo volvería a ir a la facultad y que mi amiga iría a la estación de buses para buscar uno para volver. Así que nos despertamos pronto después de una noche de un calor tremendo, bajamos a desayunar al bar que tiene la residencia (también nos costó encontrarlo), donde una amable rusa (o también puede que fuera alemana, no se) nos sirvió un cafelito y un bollo. Marchamos cada una a nuestras ocupaciones, y yo, para probar otra manera de llegar a la facultad, cogí el metro. Fue la peor idea de mi vida. Había quedado con mi amiga en Batar, la parada del parque de atracciones, a las 12.30. Pues eran las 11.30 y aún estaba en el metro llegando, porque resulta que la vía del metro sur está cortada por Getafe, creo, así que tuve que dar toda la vuelta. Tras casi hora y media llego a la facultad, afortunadamente está abierta, entro y miro para todos los lados decidiendo a donde ir. Me encuentro a dos chicos y les pregunto por la facultad. No lo saben, pero me indican donde está Gestión. Voy para allí y me matriculo tras esperar un rato de cola. Me toca el turno de tarde. Es horrible. Intentaré cambiarlo con los profesores, a ver si puedo. Llego tarde a la parada, son casi la una y cuarto.
En el parque nos los pasamos realmente bien, no hacía mucho calor, no había mucha gente, por lo que no había mucha cola, solo en la nueva que pusieron, Vértigo, se llama.
Nos subimos como unas 5 veces en el Tiffón. Salimos del parque sobre las 12 de la noche, y marchamos hacia la residencia. Teníamos que levantarnos a las 6 de la mañana para llegar a las 7 a la estación, para coger el primer bus que salía a las 7.30. Íbamos tan dormidas que casi nos matamos por las escaleras del metro. Llegamos y nos pusimos a la cola de Alsa, la compañía de buses. La chica nos dijo que el bus de las 7.30 estaba lleno. Había otro a las 100.30, pero también estaba lleno. El siguiente era a las tres y media de la tarde. Así que nos fuimos con nuestro cansancio a consumir el bono del desayuno otra vez a Gran Vía. Desayunamos, y como no teníamos ni dinero ni otra cosa que hacer, nos fuimos al Retiro a dormir un rato. Nos tiramos desde las 9 hasta la una de la tarde durmiendo con las toallas en el campo.
Cuando ya estábamos un poco más descansadas (y yo ya me había puesto las lentillas, dato que dejo ahí) nos fuimos otra vez a la estación a comer y a hacer tiempo. Carísima la comida, pero eso no es ninguna novedad.
Y otras 7 horas de viaje, pero esta vez con películas un poco más decentes, como Buscando a Nemo jeje.
Terminado el viaje empieza la odisea de, como no encontré ninguna residencia que me gustara, y tardas una vida en llegar a la uni desde el centro, encontrar piso en Fuenlabrada.
Pero eso lo contaré en mi próxima entrada, que son la una y veinte de la madrugada y tengo sueño.
