lunes, 28 de septiembre de 2009

Primeras impresiones

Llevo ya una semana y dos días en Madrid.
En este tiempo he hecho bastantes cosillas, algunas más interesantes que otras jeje.
Los primeros días no hice nada en especial, quitando perderme cada vez que salía de casa, pero eso no cuenta. Descubrí que los madrileños tienen el sentido de las distancias un tanto alterado. La semana pasada, por ejemplo, le pregunté a un kioskero dónde quedaba el centro comercial de al lado del Nuevo Ayuntamiento. El tipo me dijo, con una voz un tanto exagerada, que quedaba como a media hora andando, que había que pasar siete rotondas, cruzar vente calles, etc. Lo encontré a los diez minutos, siguiendo una recta.
Después, otro día, me acerqué a Madrid, quería apuntarme en a agencia Penélope, que lleva asuntos de figuración en el cine y tema de público en programas. Así que mi amigo y yo nos apuntamos, y la chica, cuando ya nos marchábamos, me dijo que había una figuración para una película para televisión, concretamente para Antena 3, sobre la vida de Adolfo Suarez, así que me cogieron. Eso fue el miércoles pasado. La figuración había que hacerla el viernes, y me llamaron para darme la buena noticia de que tenía que estar a las 6:45 de la mañana en un hotel por la parada Conde de Casal. Podéis imaginaron mi alegría al enterarme, hacer cálculos, y descubrir que me tenía que levantar a eso de las 4:30 para llegar a tiempo.
Me lo pasé como una enana en la figuración. Nos llevaron a un pueblecito a las afueras de Madrid, como a unos 50 km, aprox. Conocí a gente majísima, de todas la edades, y aprendí como funciona eso de hacer una película, que es lo que a mí me gusta (terminé de la frase : “Volvemos a primera” hasta las pelotas). Y ahí le preguntabas al asistente: “¿Qué primera?¿La primera primera o la primera segunda?” y el hombre te miraba con cara de querer asesinarte. Pero era un chico muy majo. El ayudante del director también era muy majo, y nuestro coordinador, por así decirlo, también.
Os explico lo que teníamos que hacer. Adolfo Suárez llega tan tranquilo a un pueblecito, en su época de presidente del gobierno, cuando unos revolucionarios, al bajarse éste del coche, lo increpan, con lo que caldean el ambiente, y finalmente todos lo acabamos increpando, golpeando el coche y demás. La putada era que no te podías reír, y yo tenía detrás a un señoriño que no paraba de decir: “¡Sangre!¡Queremos sangre!” , y a mí me entraba la risa, pero pude disimularla.
El tema de la vestimenta va a parte. Menuda camiseta me pusieron, señores. Sólo diré cuatro palabras: naranja, rojo, blanco, flores. Con eso queda todo dicho.
Nos querían solo para grabar una escena, pero después cogían a más para otra. Nos cogieron a todos los jóvenes, pero cuál es mi sorpresa cuando llego a vestirme y una señora rubia borde me dice que yo no sirvo porque “en la década de los 70 no existían mujeres de metro ochenta”. Y me mandaron para casa. Así, con dos narices, y encima la tipa esa no era ni la directora de casting ni nada, era una simple señora de maquillaje.
Pero fue una experiencia inolvidable.
El fin de semana vino un amigo a mi casa, total estaba sola, y el domingo me cocinó pasta con chorizo, riquísima. Vimos capítulos de Friends toda la tarde jeje.
El lunes tenía que llamar a la agencia para ir de público a Sé lo que hicisteis, pero me daba comunicando, y no te apuntan si no llamas, no vale ir allí y apuntarte, tiene que ser por teléfono. Pero yo, como quiero ir a slqh a toda costa, cogí un cercanías y a la media hora estaba rogándole al señor que me apuntara. Y lo hizo, así que el próximo miércoles voy a ir al programa, tendré preparada la cámara.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Al fin en Madrid

Bueno, ya es oficial, estoy en Madrid, y esta vez para quedarme.
Finalmente creo que no me quedará más que aguantarme con el turno de tarde en la Universidad, pero bueno, es un turno bastante decente, con poquitas clases.
Ya tengo piso, al fin lo conseguí. Mi compañero, con el que me iba a ir, me dejó tirada hace unos cuatro días, diciéndome que su madre le había alquilado una habitación que le gustaba a ella con la excusa de que es la que pagaba. Entonces me vi a principios de Septiembre sin piso y sin vistas de tenerlo. Mi madre, tan maja ella, metiéndome presión para que consiguiera uno lo antes posible, porque necesitaba la copia del contrato de vivienda para presentar la beca (becas que por cierto no salen hasta Enero o Febrero, cosa que no entiendo porque si tú pides una se supone que es porque no te llega el dinero para estudiar, pero por esa regla de tres, el primer semestre me lo puedo fumar porque no tendría dinero para pagarlo).
Llamo a la Bolsa de Fuenlabrada y me dan cinco números de teléfono para ir a ver dichos pisos. En dos vivían dos chicas, en otros dos chico y chica, y en el último dos chicas y un chico. Llamé sólo para ver al más cercano de chica y chico y al de las 4 personas. Todo esto fue sábado, día 5. Mi madre, muy así ella, me dijo que aprovechaba, y ya que tenía que pagar el mes entero me podía venir para aquí ya. Y yo, ilusa de mí, accedí, así que me puse a levantar toda mi habitación, a meterlo todo en cajas que no me iba a llevar vaciando todos mis recuerdos. Mi hermana, que es de la rama lista de la familia, vio la oportunidad de poder tener habitación propia, y me tocó vaciarla. Cogimos, me despedí de todo el mundo, todos mis amigos, a los que no veré en varios meses, mi perro, mi padre, mis hermanas, abuelos, tíos, etc. y emprendimos la marcha el domingo a las 10 de la noche, pues teníamos cita para ver ambos pisos a las 11 y a las 12 de la mañana respectivamente.
Pasamos toda la noche buscando emisoras con música, y cuando llegamos a la Sierra de Madrid, justo al llegar al túnel, decidimos ir por la general y ahorrarnos el dinero de la autopista, así que entre eso y que no encontrábamos la salida a Fuenlabrada desde la M-40, llegamos a las 5.30 de la mañana. Luego no encontrábamos la calle a la que teníamos que ir, la calle Málaga (para los que no lo sepan, los nombres de todas las calles en Fuenlabrada son de sitios, en plan ciudades, países…), y cuando dimos llegado intentamos dormir un poco, cosa imposible, pues era incomodísimo.
Desayunamos en un bar de por allí y a las 11 vimos el primer piso. Horroroso. Con eso está dicho todo. Pero era barato, así que si no hubiera encontrado en el que estoy ahora me lo hubiera quedado. A las 12 teníamos que ver el de 4 habitaciones. Una maravilla. Grande, luminoso, bonito… perfecto. Y por el mismo precio. Con deciros que a la una ya teníamos firmado el contrato y ya estaba desempaquetando aquí.
Bien. Una vez desembalado, llegué a la siguiente conclusión: empiezo las clases el 21, estamos a día 7. Mis compañeros de piso no llegan hasta el 15. ¿Qué hago yo aquí sola, sin nadie conocido, tanto tiempo? Entonces me llegó la inspiración jeje. Tengo un amigo que está estudiando en la otra punta de Madrid, así que hemos decidido ir de público al programa Sé lo que hicisteis, todas las veces que podamos, y apuntarnos a una agencia de extras para pelis, que yo ahora tengo bastante tiempo, y después lo saco de dónde haga falta.
Ahora son las 21.20, estoy tumbada en el sofá viendo el Eurobasket, llevo dos noches sin dormir y no tengo hambre. Y esto no os interesará lo más mínimo, pero es mi blog y digo lo que quiero en él.
Hasta otra.

martes, 25 de agosto de 2009

Viaje a Madrid

Aquí dejo mi segunda entrada.

Como contaba en el anterior comentario, me ha matriculado en Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos, tras muchísimos problemas. Al fin.

Como decía también en la anterior entrada, me fui a Madrid tres días para mirar residencias y demás cosas que necesitaba para terminar de encontrarlo todo, y tenerlo todo listo.

Así que convencí a una amiga con la excusa de ir uno de los días al parque de atracciones y allí nos fuimos las dos, siete horas de bus, una parada de 20 minutos, unos sillones con radio y unas películas malísimas.

Llegamos a la estación sur de autobuses y empezó nuestras peripecias con el metro. Nos costó hacernos con el dichoso mapita de las pelotas, y suerte que encontramos a una señora muy maja que nos ayudó hasta que encontramos uno. Teníamos que llegar desde la estación hasta Gran Vía. Nos costó. Andábamos más perdidas que Mariñas en una tienda de camisas normales.

El caso es que finalmente llegamos a Gran Vía, y nuestra residencia donde nos alojábamos hacía esquina con Plaza de España. Como el metro nos había dejado justo en el medio, decidimos tirar para la derecha, con tan mala fortuna que a los diez minutos nos damos cuenta de que no era por allí, pues yo recordaba la calle en Plaza de España llena de teatros, y por allí no había ninguno. Damos vuelta, andando con 40 grados a la sobra, y finalmente encontramos la residencia. Nos instalamos y salimos a comer. Como habíamos cogido el bus a las 7 de la mañana, hecho una parada en la que solo nos dio tiempo a tomarnos un café y habíamos llegado sobre las 2 y mucho, estábamos muertas de hambre. Enfilamos Gran Vía y vimos un Pans & Company en Callao, y para allí fuimos. Nos supo a gloria. Estaba tan rico que repetimos a la cena en el mismo sitio y el mismo menú. Por la tarde intentamos ir hasta Fuenlabrada, para ver el campus y mirar si estaba abierto (no, estaba cerrado). Así que subimos a la residencia y nos pusimos a estudiarnos el mapa del metro. Teníamos que coger uno hasta Atocha renfe, y una vez allí un cercanías hasta Fuenlabrada. Eso hicimos. Tras tres cuartos de hora estábamos en Fuenlabrada . Ahora nos quedaba llegar a la parada del hospital, que está enfrente de la facultad. Volvimos a pagar por el dichoso metro sur y llegamos a la facultad. Cerrada. El campus está bastante bien, pero aún está medio en obras, por lo que no luce mucho. Volvimos otra vez para Madrid haciendo el mismo recorrido. La verdad es que me daba bajón solo con pensar tener que levantarme como dos horas antes para llegar a tiempo, porque en Coruña tardaba como 10 minutos en llegar al instituto.

La tarde se nos fue haciendo eso. Subimos a refrescarnos a la habitación y marchamos a cenar. Después de cenar fuimos a la fnac que está en Callao. Cuatro pisos de pura magia. La sección de cine es impresionante, pero íbamos a comprar un libro así que nos pudimos parar mucho porque iban a cerrar. Compramos “El resplandor” para mi amiga, que padece un poco de insomnio.

Decidimos que a la mañana siguiente yo volvería a ir a la facultad y que mi amiga iría a la estación de buses para buscar uno para volver. Así que nos despertamos pronto después de una noche de un calor tremendo, bajamos a desayunar al bar que tiene la residencia (también nos costó encontrarlo), donde una amable rusa (o también puede que fuera alemana, no se) nos sirvió un cafelito y un bollo. Marchamos cada una a nuestras ocupaciones, y yo, para probar otra manera de llegar a la facultad, cogí el metro. Fue la peor idea de mi vida. Había quedado con mi amiga en Batar, la parada del parque de atracciones, a las 12.30. Pues eran las 11.30 y aún estaba en el metro llegando, porque resulta que la vía del metro sur está cortada por Getafe, creo, así que tuve que dar toda la vuelta. Tras casi hora y media llego a la facultad, afortunadamente está abierta, entro y miro para todos los lados decidiendo a donde ir. Me encuentro a dos chicos y les pregunto por la facultad. No lo saben, pero me indican donde está Gestión. Voy para allí y me matriculo tras esperar un rato de cola. Me toca el turno de tarde. Es horrible. Intentaré cambiarlo con los profesores, a ver si puedo. Llego tarde a la parada, son casi la una y cuarto.

En el parque nos los pasamos realmente bien, no hacía mucho calor, no había mucha gente, por lo que no había mucha cola, solo en la nueva que pusieron, Vértigo, se llama.

Nos subimos como unas 5 veces en el Tiffón. Salimos del parque sobre las 12 de la noche, y marchamos hacia la residencia. Teníamos que levantarnos a las 6 de la mañana para llegar a las 7 a la estación, para coger el primer bus que salía a las 7.30. Íbamos tan dormidas que casi nos matamos por las escaleras del metro. Llegamos y nos pusimos a la cola de Alsa, la compañía de buses. La chica nos dijo que el bus de las 7.30 estaba lleno. Había otro a las 100.30, pero también estaba lleno. El siguiente era a las tres y media de la tarde. Así que nos fuimos con nuestro cansancio a consumir el bono del desayuno otra vez a Gran Vía. Desayunamos, y como no teníamos ni dinero ni otra cosa que hacer, nos fuimos al Retiro a dormir un rato. Nos tiramos desde las 9 hasta la una de la tarde durmiendo con las toallas en el campo.

Cuando ya estábamos un poco más descansadas (y yo ya me había puesto las lentillas, dato que dejo ahí) nos fuimos otra vez a la estación a comer y a hacer tiempo. Carísima la comida, pero eso no es ninguna novedad.

Y otras 7 horas de viaje, pero esta vez con películas un poco más decentes, como Buscando a Nemo jeje.

Terminado el viaje empieza la odisea de, como no encontré ninguna residencia que me gustara, y tardas una vida en llegar a la uni desde el centro, encontrar piso en Fuenlabrada.

Pero eso lo contaré en mi próxima entrada, que son la una y veinte de la madrugada y tengo sueño.

lunes, 3 de agosto de 2009

Buenas!

¡Hola a todos!

Este blog será utilizado para contar las disversas cosas que se le vayan ocurriendo a una chica que empezará a cursar el grado de Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos, o sea, yo.

Teniendo en cuenta que no soy de Madrid, que sólo he estado cuatro veces allí, que no conozco a nadie, etc., puede ser una experiencia interesante.

Para abrir boca primero está la odisea de conseguir que te admitan en la universidad, porque, tras un máster para saber cómo demonios entregar bien los papelechos de la matrícula del diablo, a los pocos días te mandan una carta diciéndote que no te admitieron porque estabas fuera de plazo. Perfecto, pero es mentira. ¿Qué haces ahora? Pues llamas por decimonovena vez a la universidad, y cuando consigues que alguien te atienda, te dicen que tienes que redactar tu misma un escrito diciendo el por qué no te admitieron. En ningún momento te dicen que tienes que enviar algún otro papel más. Entonces vas tú toda ingenua, redactas la cartita, vas a correos, te clavan un pastizal por enviarla certificada y como que te relajas un poco.

Luego, el último día de plazo, se te ocurre la brillante idea de entrar en la página de la universidad. Y cual es la sorpresa que ves que tenías también que haber enviado nosecuantos papeles más. Te entra el pánico. Llamas a la universidad, no te coge nadie (para variar), y tras mucho correr por tu ciudad (al ciber, a la subdelegación del gobierno, a correos…) envias toda la documentación in extremis (al parecer a los diez minutos de que la señora hablara conmigo se les ocurrió la genial idea de publicar unos impresos para cubrir la reclamación).

Esperas una semana, hasta tienes pesadillas pensando que todos tus amigos ya saben dónde irán y tú no, y no te envían la confirmación. Hasta que hoy se me ocurrió la genial idea de volver a llamar, y sí, estoy finalmente admitida. Bien.

Llega la segunda odisea. Las becas. Las llamadas becas de movilidad. En ellas tienes que poner residencia durante el próximo curso, pero no sabes si te podrás ir si no te dan la beca. Perfecto. Además la tienes que entregar en la propia universidad.

Llega el momento de hacer la prematrícula. Y otra vez te piden el domicilio durante el curso.

Me parece que mañana voy a volver a llamar a la facultad, me van a odiar y ni siquiera me conocen.

Y finalmente, la cuestión más importante, ¿dónde diablos voy a vivir? Si alguien conoce alguna residencia cerca de Fuenlabrada, o mismo en Madrid, estoy abierta a sujerencias, aunque como este blog se acaba de abrir, dudo mucho que alguién lo lea a tiempo.

Creo que me tocará viajar a Madrid esta semana para dejar todo medianamente atado, porque las coballas humanas que somos los que entramos con Bolonia empezamos en Septiembre, y no es plan llegar el día diez y no saber qué hacer con tu vida a la hora de comer y dormir.

De todo esto se saca que es más dificil irse a Madrid a estudiar que sacarte un máster en dirección empresarial.


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